Educación resiliente al calor en escuelas de América Latina
El aumento sostenido de las temperaturas ya condiciona la vida escolar en América Latina y el Caribe. En enero, miles de escuelas enfrentan jornadas interrumpidas, menor capacidad de atención en el aula y riesgos directos para la salud de estudiantes y docentes. La educación, pilar del desarrollo regional, comienza a resentir los efectos del cambio climático con impactos que van más allá del calendario escolar.
La región concentra una alta proporción de centros educativos sin infraestructura adecuada para enfrentar el calor. Aulas con ventilación limitada, techos que concentran temperatura y ausencia de sombra convierten el aprendizaje en una experiencia desigual. Esta situación profundiza brechas sociales, ya que las comunidades con menos recursos suelen ubicarse en las zonas más expuestas a temperaturas extremas.
Educación resiliente al calor como prioridad regional
Estudios recientes del Banco Interamericano de Desarrollo advierten que cada día escolar con temperaturas superiores a 26.7 grados centígrados reduce de forma medible el aprendizaje anual. Este efecto acumulado compromete trayectorias educativas completas y limita oportunidades futuras. Además, más de 160 mil escuelas y alrededor de 12 millones de estudiantes ya se encuentran en condiciones de alta vulnerabilidad térmica en la región.
Asimismo, el impacto no se distribuye de manera uniforme. Países con grandes sistemas educativos como Brasil, México y Colombia concentran una parte significativa del riesgo, especialmente en zonas urbanas densas y regiones rurales con menor inversión pública. En consecuencia, la adaptación escolar se vuelve un asunto de política educativa y de justicia social.
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Las soluciones identificadas no requieren tecnología compleja. Mejorar la ventilación natural, incorporar techos reflectantes, ampliar áreas verdes y ajustar horarios escolares reduce de manera significativa la temperatura en las aulas. Del mismo modo, modelos híbridos y esquemas flexibles permiten sostener la continuidad educativa durante episodios de calor extremo.
Proyecciones regionales indican que, sin medidas de adaptación, la exposición al calor en escuelas podría duplicarse en las próximas décadas. Este dato refuerza la urgencia de integrar la resiliencia climática en la planificación educativa, no como excepción, sino como parte estructural del derecho a aprender.
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