Gloria Esther Recinos, conocida en Guatemala como la niña inventora, recuerda cómo nació su «robot rescatista»: el 1 de octubre de 2015, cuando ella tenía 11 años, un alud sepultó más de dos centenares de residencias, dejando un saldo de 280 muertos, en un asentamiento humilde próximo a la capital guatemalteca.

«Esta tragedia me llevó a crear un prototipo de robot que se guiaba por la luz de una linterna y por instrucciones a control remoto. El robot podía meterse entre los escombros y detectar a una persona, indicando la posición exacta a los rescatistas», relata la joven estudiante de Ingeniería Biomédica.

Gloria Esther, de 18 años, atribuye a la curiosidad su carrera prolífica en la robótica, en la que ha sido premiada por el diseño de una casa domótica, una prótesis robótica de mano y brazo y un proyecto de energías alternativas, que hizo a los 10 años y que se encuentra en exposición en el Museo de Ciencia y Tecnología de Ciudad de Guatemala.

«Mi mensaje para las niñas y adolescentes es que busquen algo que las motive y les cause curiosidad para mantener su mente trabajando y no quedarse atrás, sino seguir innovando en sus propias ideas, desarrollando mucho más la creatividad», afirma.

Eso mismo dice la venezolana Alai Miranda, quien se acercó a la programación a los 6 años y es la creadora de «Alibubu», un oso de peluche con un dispositivo inalámbrico en su interior que sirve para guardar los datos personales de niños refugiados que viajan por Europa solos y sin identificación.

Las niñas y la ciencia

«No todas las niñas tienen los mismos medios que yo tenía, la oportunidad de comprar muchos cacharros para hacer cositas, pero sí tienen curiosidad. Me gusta pensar que a muchas niñas que tienen acceso a internet la curiosidad les permitirá usarla de manera diferente y ser autodidactas», añade esta joven residente en España.

Valtencir Mendes, jefe de Educación de la Oficina Regional de Educación para América Latina y el Caribe de la Unesco, concuerda en que una herramienta principal de motivación es la curiosidad y por eso recomienda que familias y docentes fomenten el interés de las niñas por la ciencia «con actividades prácticas y experiencias que las involucren directamente en la investigación científica».

Silvia Chavela

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