El descubrimiento de Ötzi en los Alpes italianos no solo conmocionó a Europa, sino que también reformuló los horizontes de la ciencia arqueológica. Este hombre, atrapado en el hielo hace más de cinco milenios, fue hallado por accidente en 1991 en la frontera entre Austria e Italia, y desde entonces ha sido sometido a más de mil estudios científicos.
A diferencia de otros hallazgos de momias naturales, el cuerpo de Ötzi permaneció extraordinariamente bien conservado. Su piel, órganos, ropa y herramientas han permitido reconstruir con precisión aspectos fundamentales de la vida en la Edad del Cobre. Ötzi llevaba consigo un hacha de cobre, flechas sin punta y un abrigo de pieles cosidas. Estos elementos confirman no solo su rol activo en su comunidad, sino también una organización social compleja y el desarrollo de tecnologías tempranas.
El hallazgo arqueológico más estudiado del mundo transforma el modo en que entendemos la historia
Los avances recientes en bioarqueología han revelado su última comida: carne de íbice y pan hecho con cereales procesados, lo que demuestra el uso de técnicas culinarias avanzadas para la época. Además, estudios genéticos indican que padecía intolerancia a la lactosa, arteriosclerosis y enfermedades crónicas que afectan hoy a millones. Su muerte violenta, causada por una flecha en la espalda, sugiere conflictos tribales aún poco comprendidos.
Ötzi sigue siendo una fuente viva de conocimiento. En agosto de 2025, nuevos análisis microscópicos en su ropa revelaron restos de polen que amplían la comprensión sobre las rutas migratorias de su tiempo. Este dato confirma que el aprendizaje histórico se renueva con cada avance tecnológico.
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