La disminución de la vacunación infantil en Reino Unido no responde únicamente a la desinformación o al rechazo ideológico. Para muchas familias, las distancias, las citas difíciles de conseguir, el agotamiento durante la crianza y la falta de contacto con profesionales sanitarios impiden completar los esquemas a tiempo.
Grayson estuvo cerca de formar parte de los miles de bebés británicos que no reciben protección contra la polio. Su madre, Lily, apoyaba las vacunas, pero atravesaba depresión posparto después de un nacimiento traumático y no se sentía capaz de viajar hasta el consultorio médico.
La solución apareció en un lugar inesperado: un local vacío dentro de un centro comercial de Keighley, en Yorkshire. Allí, una clínica comunitaria ofrece vacunas sin largos desplazamientos, formularios complicados ni llamadas a primera hora.
La vacunación infantil necesita servicios más accesibles
Las tasas de inmunización han disminuido durante los últimos años. En Inglaterra, alrededor del 81% de los niños de cinco años recibió la vacuna que protege contra enfermedades como polio y tétanos, frente al 89% registrado anteriormente. La cobertura completa contra sarampión, paperas y rubéola también cayó hasta cerca del 84%.
Los expertos advierten que estas cifras colocan al país por debajo de varios de sus vecinos europeos. Los brotes recientes de sarampión y las muertes infantiles relacionadas con la enfermedad aumentaron la preocupación entre autoridades y especialistas.
Aunque las publicaciones antivacunas influyen en algunas decisiones, los investigadores consideran que las barreras cotidianas tienen mayor peso. Muchos padres no rechazan las inmunizaciones; simplemente posponen las citas porque carecen de tiempo, transporte o apoyo.
La reducción de las visitas domiciliarias también debilitó la prevención. Inglaterra perdió alrededor del 45% de sus visitadores sanitarios, profesionales que orientaban a las familias, recordaban las vacunas pendientes y, en algunos casos, las aplicaban en casa.
Una clínica en un centro comercial mejora la cobertura
La clínica de Keighley combina vacunación con servicios como pesaje de bebés y asesoría familiar. El espacio incluye una zona de juegos, cocina y personal que conversa con los padres en un ambiente menos intimidante que un gran centro sanitario.
Muchas familias llegan por otro servicio y aceptan inmunizar a sus hijos después de hablar con la médica Zoyah Hussain. El centro evita traslados complejos y permite que los padres entren mientras hacen compras o caminan por la zona.
La estrategia elevó del 78% al 88% la proporción de niños que reciben su primera dosis contra sarampión, paperas y rubéola antes de los 18 meses dentro de la práctica médica responsable del programa.
Algunos especialistas proponen replicar el modelo en locales comerciales vacíos, estacionamientos de supermercados y espacios comunitarios conocidos. Otros advierten que también deben combatirse la pobreza infantil, la escasez de médicos y la pérdida de relaciones de confianza con el personal sanitario.
El debate incluye medidas más estrictas, como exigir ciertas vacunas para asistir a la escuela, permitir excepciones justificadas o establecer sistemas donde las familias deban rechazar expresamente la inmunización.
Sin embargo, la experiencia de Keighley muestra que acercar los servicios puede lograr avances sin recurrir primero a sanciones. Cuando las vacunas están disponibles en lugares accesibles y las familias reciben información clara, muchas aceptan proteger a sus hijos.