Cámaras con inteligencia artificial utilizadas para vigilancia urbana
La expansión de cámaras con IA pone la privacidad a debate

La expansión de cámaras con IA pone la privacidad a debate

Caminar por una ciudad significa dejar un rastro mucho más detallado de lo que puede percibirse a simple vista. Sistemas públicos y privados registran vehículos, movimientos y rostros, mientras nuevas herramientas permiten relacionar esa información procedente de diferentes fuentes.

El crecimiento de las cámaras conectadas con inteligencia artificial ha reabierto el debate entre seguridad y privacidad. Estados Unidos ofrece uno de los ejemplos más desarrollados, aunque tecnologías similares avanzan también en otros países.

Cámaras conectadas pueden reconstruir movimientos

Nueva York cuenta con el Domain Awareness System del Departamento de Policía. Esta plataforma integra más de 80,000 dispositivos con información procedente de drones, redes sociales y sistemas capaces de seguir vehículos.

A esa infraestructura pública se suman equipos instalados por comercios, edificios y particulares. Algunas compañías incluso facilitan mecanismos para que las autoridades soliciten grabaciones directamente a sus propietarios durante investigaciones.

Flock Safety se convirtió en uno de los casos más controvertidos. La empresa afirma operar más de 100,000 dispositivos distribuidos entre 6,000 comunidades estadounidenses. Sus sistemas especializados en matrículas escanean vehículos unos 20,000 millones de veces cada mes.

La compañía sostiene que estas herramientas ayudan a localizar personas desaparecidas, recuperar automóviles robados y resolver delitos violentos.

Sin embargo, su alcance también genera cuestionamientos. Un sheriff de Texas pudo consultar más de 83,000 dispositivos de Flock en diferentes lugares del país durante la búsqueda de una mujer relacionada con un caso de aborto.

Seguridad y privacidad abren un debate internacional

Al menos 46 casos documentados señalan que agentes utilizaron sistemas de Flock sin autorización para seguir a parejas, exparejas y otras personas. La empresa calificó esos usos como inaceptables y posteriormente implementó nuevas medidas contra abusos.

La controversia llevó a más de 50 ciudades a terminar sus relaciones con Flock durante este año. No obstante, algunas sustituyeron sus servicios por los de otras compañías de vigilancia.

Organizaciones de derechos digitales también advierten sobre errores tecnológicos. Una lectura incorrecta de una matrícula puede provocar que una persona inocente sea identificada como sospechosa.

La discusión tampoco se limita a Estados Unidos. Reino Unido expande sistemas de reconocimiento facial que la policía relaciona con miles de detenciones, mientras organizaciones civiles cuestionan su alcance.

Conocer la infraestructura disponible resulta ahora más sencillo. Atlas of Surveillance, desarrollado por Electronic Frontier Foundation, permite consultar tecnologías utilizadas por ciudades y agencias policiales. DeFlock ofrece otro mapa colaborativo con decenas de miles de ubicaciones registradas, aunque su naturaleza abierta puede reducir su precisión.

La expansión plantea así una pregunta que la tecnología por sí sola no puede resolver: cuánto seguimiento están dispuestas a aceptar las sociedades a cambio de seguridad y qué límites legales deben existir sobre los datos recopilados.

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