Jóvenes adultos recurren a medicamentos como alternativa al alcohol para afrontar ansiedad social, con posibles riesgos de dependencia.
Jóvenes adultos usan fármacos para sentirse seguros al socializar

Jóvenes adultos usan fármacos para sentirse seguros al socializar

Algunos jóvenes adultos están sustituyendo el alcohol por medicamentos de prescripción y sustancias experimentales para enfrentar reuniones, fiestas o citas. La tendencia preocupa a especialistas porque el consumo sin supervisión médica puede provocar dependencia y otros efectos graves.

Matt, un trabajador inglés de 22 años, comenzó a combinar pregabalina con propranolol después de conocer esta práctica en redes sociales. Afirma que las sustancias reducen su ansiedad y facilitan las conversaciones sin provocarle la resaca asociada con el alcohol.

Jóvenes adultos recurren a sustancias para reducir la ansiedad

El fenómeno coincide con un alejamiento generacional del alcohol. Una encuesta de Drinkaware encontró que el 26% de los británicos entre 18 y 24 años no bebía alcohol, frente al 7% registrado en 2012.

Paralelamente, investigadores observan niveles elevados de ansiedad. Un estudio de University College London encontró que el 28% de las personas al inicio de sus veinte años en Inglaterra reportaba niveles altos.

Las redes sociales han facilitado además la popularización del llamado “stacking”, que consiste en combinar diferentes sustancias. Algunos usuarios presentan estos cócteles como alternativas más saludables, aunque los especialistas cuestionan esa percepción.

Dependencia y consumo sin control elevan los riesgos

La pregabalina se prescribe para epilepsia, dolor neuropático y, en algunos lugares, ansiedad. Sin embargo, utilizar dosis elevadas para conseguir intoxicación puede generar dependencia. Entre 2020 y 2024 apareció mencionada en 2,360 certificados de defunciones relacionadas con intoxicaciones por drogas en Inglaterra y Gales.

El propranolol también requiere precauciones. Su utilización inadecuada puede provocar mareos, desmayos y una reducción peligrosa del ritmo cardíaco. Comprar medicamentos en mercados no regulados agrega el riesgo de recibir productos que no cumplen estándares farmacéuticos.

Especialistas advierten además sobre una consecuencia psicológica. Utilizar sustancias repetidamente para evitar la ansiedad puede reforzar la percepción de que las interacciones cotidianas resultan imposibles sin ayuda química.

Esa transición ya aparece en algunos testimonios. Una estudiante china de 20 años comenzó utilizando medicamentos para fiestas y posteriormente los incorporó a exámenes, discursos y debates hasta consumirlos diariamente.

El desafío para los jóvenes adultos no consiste únicamente en comparar estas sustancias con el alcohol, sino en reconocer los riesgos de convertirlas en una condición necesaria para participar en la vida social.

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