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GPS, la tecnología invisible que sostiene al mundo moderno

Encontrar una dirección parece una tarea sencilla cuando basta mirar un pequeño punto en la pantalla. Sin embargo, detrás de esa acción cotidiana existe una infraestructura espacial que también coordina bancos, telecomunicaciones, transporte, agricultura y redes eléctricas.

El GPS pasó de ser una tecnología desarrollada con objetivos militares a convertirse en una pieza fundamental de la vida moderna. Katherine Dunn, periodista económica y autora de Little Blue Dot, investigó su evolución después de conocer un extraño episodio ocurrido en 2017 con varios buques tanqueros.

Las embarcaciones se aproximaban al puerto ruso de Novorossiysk cuando sus sistemas comenzaron a ubicarlas en un aeropuerto cercano. Las tripulaciones podían comprobar visualmente que navegaban sobre el agua, pero sus dispositivos mostraban otra realidad.

GPS calcula mucho más que nuestra ubicación

Para determinar una posición, un receptor necesita señales de al menos cuatro satélites. El sistema resuelve simultáneamente longitud, latitud, altitud y tiempo.

Esta última variable resulta fundamental. Los satélites transportan relojes atómicos y el sistema mide cuánto tarda una señal de radio en alcanzar el receptor con una precisión de mil millonésimas de segundo.

Por ello, su utilidad supera ampliamente la navegación. La precisión temporal permite sincronizar torres de telefonía móvil, operaciones bancarias, redes eléctricas y otras infraestructuras. También participa en agricultura de precisión, aviación, logística y coordinación de determinados sistemas urbanos.

Sus orígenes ayudan a explicar esa exactitud. El sistema surgió directamente de necesidades militares estadounidenses durante la guerra de Vietnam, cuando la aviación necesitaba calcular rápidamente posiciones tridimensionales para aumentar la precisión de sus ataques.

Durante sus primeros años, los receptores podían costar cerca de US$100.000 y sus usuarios civiles eran principalmente agrimensores, investigadores y algunos aficionados con elevados recursos. Japón identificó después su potencial para los automóviles.

La adopción cotidiana creció con navegadores como Garmin y TomTom. El cambio decisivo llegó con el iPhone 3G y aplicaciones como Google Maps, que llevaron permanentemente la ubicación satelital al bolsillo.

De los mapas digitales a la manipulación de señales

La expansión de esta tecnología también permitió descubrir errores en coordenadas históricas. Dunn menciona casos como la Estatua de la Libertad y pistas de aterrizaje cuya ubicación oficial presentaba diferencias de varios metros.

Pero los incidentes de Novorossiysk mostraron otro problema. Investigadores detectaron manipulaciones similares cerca de lugares relacionados con el gobierno ruso y zonas donde se encontraba Vladimir Putin.

Existen dos mecanismos principales. La interferencia bloquea una señal mediante otra más potente en la misma frecuencia. La suplantación resulta más sofisticada porque transmite información falsa para convencer al receptor de que está en otro lugar.

En el caso de los buques, las coordenadas falsas apuntaban hacia aeropuertos. Muchos drones comerciales estaban programados para detenerse o cambiar su comportamiento cuando detectaban estas zonas, lo que podía impedir su aproximación a lugares protegidos.

Actualmente, estas alteraciones aparecen con mayor frecuencia en conflictos como la guerra en Ucrania y en regiones como el estrecho de Ormuz. Barcos pueden mostrar trayectorias imposibles y determinados sistemas militares pueden perder precisión.

La dependencia tampoco recae exclusivamente en la constelación estadounidense. Europa desarrolló Galileo y existen otros sistemas globales, mientras los teléfonos modernos suelen combinar señales de varias constelaciones. La aviación, en cambio, mantiene una dependencia mayor del sistema estadounidense.

Una tecnología creada para localizar objetivos militares terminó ofreciendo gratuitamente coordenadas y tiempo preciso a millones de personas. Su alcance actual muestra que perder una señal puede resultar problemático, pero recibir una ubicación falsa sin advertir la manipulación representa un desafío todavía mayor.

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REDACCIÓN

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