La docencia y la evaluación siguen siendo el corazón del proceso formativo universitario en España. La calidad educativa no solo depende de contenidos, sino de cómo se enseña, cómo se evalúa y de la capacidad de las instituciones para formar pensamiento crítico sin caer en modelos reduccionistas.
El análisis publicado en diciembre de 2025 por El Diario de la Educación plantea que la universidad enfrenta un dilema persistente: ¿debe enfocarse en preparar a los estudiantes para desempeñarse en entornos laborales estructurados o en desarrollar su capacidad para pensar creativa y críticamente ante problemas complejos?
Reflexión sobre docencia universitaria y evaluación
La crítica parte de observar prácticas evaluativas que priorizan respuestas correctas y memorísticas por encima de procesos reflexivos. Este enfoque, según académicos consultados, podría limitar la formación de profesionales capaces de cuestionar, innovar y participar activamente en la transformación social.
Asimismo, se señala que evaluar únicamente competencias técnicas deja de lado habilidades transversales como comunicación, trabajo en equipo, pensamiento metacognitivo y ética profesional. En consecuencia, la evaluación centrada en formas tradicionales tiende a reproducir modelos de obediencia académica y social.
Por otro lado, diversas voces dentro de la comunidad universitaria española abogan por metodologías más auténticas. Estas incluyen evaluaciones basadas en proyectos, portafolios de evidencias y actividades colaborativas que reflejen la complejidad del mundo real y promuevan la autonomía del estudiante.
Este tema puede interesarte: Universidad y mercado en el debate educativo español
Del mismo modo, la docencia que fomenta preguntas abiertas y el análisis crítico convierte al aula en un espacio de construcción de significado, más allá de la simple transmisión de contenidos. Los estudiantes se convierten en agentes activos de su aprendizaje y no en receptores pasivos de información.
En este contexto, la formación docente se presenta como un elemento clave. Los profesores universitarios requieren apoyo, tiempo y reconocimiento institucional para diseñar experiencias de aprendizaje que integren evaluación auténtica y pensamiento complejo.