La inteligencia artificial ya participa en consultas, registros clínicos y formación sanitaria. Su incorporación promete reducir tareas administrativas y procesar grandes cantidades de información, pero también plantea una pregunta fundamental: qué decisiones pueden apoyarse en algoritmos y cuáles necesitan permanecer en manos humanas.
Christine Rodriguez, profesora y decana asociada de impacto de enfermería en Yale School of Nursing, sostiene que estas herramientas pueden complementar el trabajo sanitario, pero no sustituir la experiencia clínica, la empatía ni la relación directa con los pacientes.
Enfermería puede utilizar la IA como herramienta de apoyo
Una de las aplicaciones que más crece son los asistentes ambientales de inteligencia artificial. Durante una consulta, estos sistemas pueden registrar una conversación y generar automáticamente un resumen para el expediente clínico.
Esto permite que médicos y profesionales sanitarios dediquen más tiempo a mirar y escuchar al paciente. Sin embargo, Rodriguez advierte que un especialista debe revisar las notas generadas antes de incorporarlas al proceso de atención.
Los algoritmos también comienzan a integrarse en expedientes electrónicos para analizar información y anticipar posibles trayectorias clínicas. Para la académica, deben funcionar como una extensión de las decisiones profesionales y no como sustitutos del juicio clínico.
Empatía y experiencia clínica no pueden automatizarse
Rodriguez considera que la principal limitación aparece cuando se atribuyen capacidades humanas o morales a estos sistemas. Un algoritmo puede procesar datos médicos, pero desconoce la historia completa, las circunstancias personales y las experiencias que influyen en cada paciente.
Otro problema son los sesgos. Los modelos aprenden de información creada y seleccionada por personas, por lo que pueden reproducir desigualdades existentes. Por esta razón, la especialista considera necesario que profesionales sanitarios participen directamente en el diseño y evaluación de las tecnologías utilizadas en hospitales.
La IA también está modificando la enseñanza. Algunas escuelas utilizan maniquíes de alta fidelidad capaces de moverse, responder y mantener conversaciones básicas. Otras herramientas modifican voces y escenarios para crear simulaciones clínicas más inmersivas.
La formación universitaria tendrá que enseñar a utilizar estas tecnologías sin debilitar el pensamiento crítico. Para Rodriguez, aprender a revisar resultados, detectar errores y reconocer las limitaciones de un algoritmo será tan importante como saber utilizarlo.
La tecnología puede agilizar procesos y aportar información, pero la responsabilidad sobre la atención continúa dependiendo de profesionales capaces de interpretar datos, tomar decisiones y comprender a la persona que tienen enfrente.