El diseño inclusivo no consiste únicamente en adaptar un producto para distintos usuarios. También implica cuestionar los estándares con los que durante décadas se han creado objetos, espacios y tecnologías. Esa es la principal reflexión que plantea Karen Korellis Reuther, profesora de la Graduate School of Design de la Universidad de Harvard y exdirectiva de Nike y Reebok, quien sostiene que gran parte del mundo moderno sigue respondiendo a parámetros diseñados principalmente para hombres.
En su libro MAN-MADE: How We Designed a World That Leaves Women Out, and How We Can Make It Right, la especialista analiza cómo muchas decisiones de diseño han ignorado diferencias anatómicas y biomecánicas entre hombres y mujeres, lo que puede afectar desde la comodidad hasta la seguridad.
El diseño inclusivo busca superar los estándares tradicionales
Uno de los conceptos que critica Reuther es la estrategia conocida como «shrink it and pink it» («hazlo más pequeño y píntalo de rosa»), utilizada durante años para adaptar productos masculinos al mercado femenino.
Según la experta, este enfoque parte de una idea equivocada: asumir que las mujeres solo necesitan versiones reducidas de artículos diseñados originalmente para hombres.
Como ejemplo menciona el calzado deportivo. Explica que muchos tenis se desarrollaron tomando como referencia la anatomía del pie masculino, cuya forma difiere de la femenina. Mientras el pie del hombre suele ser más uniforme, el de muchas mujeres presenta un antepié más ancho y un talón más estrecho. Reducir únicamente la talla puede provocar un ajuste deficiente e incluso aumentar el riesgo de lesiones.
La investigadora también señala que esta lógica ha influido en ámbitos de mayor impacto, como la seguridad vial. Durante años, las pruebas de choque utilizaron maniquíes basados principalmente en el cuerpo masculino, una práctica que diversos estudios han relacionado con un mayor riesgo de lesiones para las mujeres en accidentes automovilísticos.
Diversidad en el diseño para crear mejores soluciones
Karen Korellis Reuther considera que el reto no consiste únicamente en aumentar la participación femenina en profesiones como el diseño industrial, la arquitectura o la ingeniería, sino también en replantear la forma en que se conciben los productos desde su origen.
La especialista propone avanzar hacia un modelo que denomina «diseño intencional», apoyado en tecnologías actuales capaces de medir con mayor precisión las características físicas de distintos usuarios y desarrollar soluciones más adecuadas para una población diversa.
Para la autora, incorporar diferentes perspectivas en los equipos de trabajo beneficia a toda la sociedad, ya que productos pensados para responder a una mayor variedad de necesidades suelen ofrecer mejores resultados para todos los usuarios.
Reuther también anima a las nuevas generaciones de diseñadoras a mantener una participación activa en espacios donde históricamente han estado poco representadas. Considera que cuestionar el statu quo e impulsar nuevas formas de crear productos permitirá construir entornos más seguros, funcionales y equitativos para todas las personas.