Descargar un inodoro puede liberar al ambiente partículas microscópicas procedentes del agua y de la contaminación presente en la taza. Algunas llegan hasta la altura donde respiran los adultos y permanecen suspendidas durante varios segundos.
Investigadores de la Universidad de Flinders revisaron 22 estudios sobre aerosoles generados por inodoros. El análisis, publicado en Science of the Total Environment, examinó qué factores favorecen su formación y qué implicaciones pueden tener para la salud.
Aerosoles pueden permanecer suspendidos después de descargar
El movimiento turbulento producido durante la descarga proyecta pequeñas partículas hacia el aire. Cuantos más microorganismos existen en el inodoro y mayor es el volumen o turbulencia del agua, más partículas pueden liberarse.
Entre ellas aparecen bioaerosoles, partículas que contienen material biológico y pueden transportar microorganismos como legionela, influenza y norovirus. La evidencia sobre la transmisión de covid mediante este mecanismo sigue siendo contradictoria.
Los investigadores encontraron partículas a la altura de la zona respiratoria de una persona adulta. Además, algunos estudios comprobaron que podían permanecer suspendidas durante al menos 20 segundos.
Cerrar la tapa tampoco garantiza que queden completamente contenidas. Lira Adiyani, autora principal del estudio, recomienda hacerlo como medida preventiva, aunque reconoce que las partículas todavía pueden escapar.
La revisión tampoco permitió establecer con claridad cuánto modifican la exposición factores como la ventilación del baño o la posición de la tapa.
El diseño de los baños puede reducir riesgos
Los especialistas consideran que estos hallazgos tienen especial relevancia en hospitales y residencias para adultos mayores. En estos lugares pueden encontrarse personas inmunodeprimidas más vulnerables a microorganismos oportunistas presentes en el agua.
Harriet Whiley, coautora de la investigación, señala que el objetivo consiste en conseguir descargas eficaces con menor volumen y turbulencia. Este enfoque podría ayudar a reducir la dispersión sin comprometer el funcionamiento del sanitario.
En hogares con personas sanas, Whiley considera que los resultados no deberían generar alarma. El escenario cambia cuando existen habitantes con sistemas inmunitarios debilitados.
Los baños públicos presentan otros puntos de contaminación. Lotti Tajouri, investigador ajeno al estudio, recuerda que microorganismos pueden permanecer en puertas, pisos, grifos y otras superficies.
Los teléfonos móviles representan otro factor relevante. Tajouri señala que diferentes investigaciones estiman que entre 50% y 80% de las personas utiliza estos dispositivos dentro del baño. Tocarlos después de superficies contaminadas puede trasladar microorganismos fecales a manos y teléfonos.
La revisión plantea así un problema que trasciende la tapa del inodoro: reducir la exposición requiere considerar higiene, diseño sanitario, ventilación, características de la descarga y comportamiento de los usuarios.