El consumo habitual de café gana respaldo científico como factor protector de la salud cerebral en Estados Unidos. Una investigación de largo plazo sugiere que incorporar esta bebida en la rutina diaria puede influir en la evolución cognitiva con el paso del tiempo.
El estudio, liderado por Mass General Brigham, Harvard T.H. Chan School of Public Health y el Broad Institute, analizó a más de 130 mil personas durante varias décadas. Además, evaluó la relación entre consumo de cafeína y desarrollo de deterioro cognitivo.
Riesgo de demencia y consumo moderado de café
Los resultados indican que quienes consumen entre dos y tres tazas de café al día presentan menor riesgo de demencia. Asimismo, registraron una reducción del 18 por ciento frente a quienes no consumen cafeína de forma regular.
Daniel Wang, profesor en Harvard Medical School y autor principal, explicó que el café actúa como un posible factor neuroprotector. También destacó que compuestos como los polifenoles y la cafeína ayudan a reducir inflamación y daño celular en el cerebro.
De igual manera, los participantes que consumían café mostraron menor incidencia de deterioro cognitivo subjetivo y mejor desempeño en pruebas de memoria y función mental.
Evidencia científica y alcance del estudio
El análisis se basó en datos del Nurses’ Health Study y el Health Professionals Follow-Up Study, con seguimiento de hasta 43 años. En consecuencia, permitió observar efectos sostenidos en el tiempo y mayor precisión en los hábitos de consumo.
Yu Zhang, investigador de Harvard Chan School, señaló que los beneficios se mantienen independientemente del riesgo genético. Además, el café descafeinado no mostró los mismos resultados, lo que refuerza el papel de la cafeína.
Asimismo, el consumo de té también evidenció efectos similares en la protección cognitiva. Sin embargo, los investigadores aclararon que el impacto es moderado y forma parte de un conjunto más amplio de hábitos saludables.
De los 131 mil participantes, más de 11 mil desarrollaron demencia, lo que permitió establecer una base estadística sólida para evaluar cómo pequeños cambios en la dieta pueden influir en la salud cerebral a largo plazo.