Reducir la ciencia a un puñado de disciplinas técnicas limita nuestra capacidad de comprender y transformar el mundo. En México y muchos otros países, persiste la idea de que las ciencias “de verdad” son solo aquellas vinculadas a la tecnología, la ingeniería o las matemáticas. Esta visión excluye, sin decirlo abiertamente, a las ciencias sociales, invisibilizando su papel en el análisis crítico de las estructuras que sostienen nuestras sociedades.
Al mantener la jerarquía entre disciplinas, se reproduce una visión androcéntrica y funcionalista del conocimiento, donde solo lo que puede monetizarse parece tener valor. Las ciencias sociales, sin embargo, aportan marcos para comprender fenómenos urgentes como los feminicidios, el colonialismo, la desigualdad o la crisis climática. También ofrecen herramientas para imaginar alternativas posibles, inclusivas y sostenibles.
Reconocer la ciencia en plural: también las sociales
En consecuencia, es urgente fortalecer las vocaciones científicas sociales desde la infancia. Mientras proliferan programas para fomentar la participación de niñas en física o ingeniería, aún faltan esfuerzos equivalentes que inspiren a futuras sociólogas, historiadoras, antropólogas o periodistas.
Datos recientes de la UNAM advierten una disminución constante en la matrícula de carreras sociales desde 2020. Este descenso ocurre en un contexto pospandémico marcado por incertidumbre, desmotivación juvenil y avance de discursos conservadores. Todo ello impacta negativamente en el interés por las disciplinas que promueven el pensamiento crítico y el compromiso social.
En algunas áreas como economía y ciencia política, los hombres siguen siendo mayoría. En economía, representan el 71%, mientras que en ciencia política y administración pública alcanzan el 60%.
Este tema puede interesarte: Educación para adultos avanza con fuerza en San Luis Potosí