En un país como México, donde más del 80% de la población tiene acceso a internet, las redes sociales no solo entretienen: informan, movilizan y educan. Su impacto en la conciencia ambiental está creciendo, especialmente entre los jóvenes que encuentran en TikTok, Instagram y YouTube plataformas para aprender, denunciar y proponer soluciones sostenibles.
Estos espacios digitales funcionan como vitrinas de activismo climático, donde movimientos como el de Fridays for Future o campañas sobre reciclaje encuentran eco en millones de usuarios. Además, permiten que comunidades remotas compartan prácticas locales de cuidado ambiental, generando una conversación global desde lo local. Así, la educación ambiental se democratiza, saliendo de las aulas tradicionales para instalarse en timelines y hashtags.
La educación ambiental encuentra nuevas rutas en las redes sociales
Un estudio del Tec de Monterrey reveló que el 72% de los jóvenes mexicanos entre 18 y 29 años ha modificado al menos un hábito de consumo tras ver contenido ambiental en redes. Esto confirma que la tecnología, bien empleada, puede acelerar transformaciones sociales urgentes. Las plataformas digitales también han impulsado alianzas entre expertos, comunicadores y usuarios comunes, fortaleciendo la credibilidad de los mensajes y evitando la desinformación.
Sin embargo, el reto está en distinguir entre activismo informado y discursos sin sustento. Aquí es donde entra la educación: promover el pensamiento crítico y la verificación de datos se vuelve fundamental para evitar el “greenwashing” digital. La responsabilidad recae tanto en creadores como en consumidores.
En un contexto donde el cambio climático exige acciones inmediatas, las redes sociales pueden ser aliadas poderosas si se alinean con objetivos educativos claros, inclusivos y éticos.
Este tema puede interesarte: La edad de jubilación en Estados Unidos sube