¿Por qué algunas personas presentan fiebre después de vacunarse mientras otras apenas experimentan molestias? Una nueva investigación apunta a que parte de la respuesta podría encontrarse en las bacterias que habitan nuestro intestino.
Un estudio publicado en la revista Science identificó una relación entre la composición del microbioma intestinal y la aparición de reacciones como fiebre, dolor muscular y malestar después de recibir una vacuna.
Los resultados podrían ayudar a comprender mejor las diferencias individuales en la respuesta inmunitaria, aunque todavía no permiten predecir con certeza quién desarrollará estos síntomas.
El microbioma intestinal influye en la respuesta a las vacunas
La investigación, encabezada por Ruth Ley, del Instituto Max Planck de Biología, analizó a 171 adultos sanos que recibieron una vacuna de ARN mensajero contra la COVID-19.
Los investigadores observaron que quienes desarrollaron fiebre presentaban una inflamación intestinal leve y una mayor presencia de bacterias de la familia Lachnospiraceae.
Estos microorganismos producen flagelina, una proteína capaz de activar mecanismos inflamatorios del sistema inmunitario.
Los experimentos posteriores con modelos intestinales humanos y ratones sin microorganismos reforzaron la hipótesis de que esta proteína contribuye a intensificar determinadas reacciones después de la vacunación.
Además, los investigadores analizaron información de más de mil adultos y encontraron una asociación entre estas bacterias y síntomas como fiebre, dolor de cabeza y molestias musculares.
Sin embargo, los autores aclararon que la edad, el estado inmunitario y otros factores también influyen en la aparición de efectos secundarios.
¿Puede la alimentación modificar estas reacciones?
El estudio también exploró la relación entre la dieta, las bacterias intestinales y la respuesta a las vacunas.
En experimentos de laboratorio, algunos aditivos alimentarios aumentaron la producción de flagelina. Asimismo, una dieta de estilo occidental intensificó las reacciones inflamatorias en ratones.
Entre los participantes humanos, quienes seguían dietas vegetarianas o veganas reportaron menos episodios de fiebre. No obstante, esta observación procedía de solo 46 personas y requiere investigaciones adicionales.
Ruth Ley subrayó que todavía no existen pruebas de que cambiar la alimentación antes de vacunarse permita prevenir los efectos secundarios.
Otra conclusión importante es que experimentar fiebre no significa desarrollar una mejor protección inmunitaria.
Los investigadores encontraron una relación más clara entre el microbioma intestinal y la aparición de síntomas que entre su composición y la producción de anticuerpos.
Tampoco evaluaron si estas diferencias influyen en la duración de la inmunidad.
Los hallazgos abren nuevas posibilidades para estudiar cómo el estado del organismo antes de recibir una vacuna influye en las reacciones posteriores.
A largo plazo, comprender estas interacciones podría ayudar a identificar factores asociados con los efectos secundarios y mejorar la experiencia de vacunación, sin comprometer sus beneficios preventivos.