Paciente espera antes de utilizar un antibiótico mediante prescripción diferida
Esperar antes de tomar un antibiótico puede evitar su mal uso

Esperar antes de tomar un antibiótico puede evitar su mal uso

Recibir una receta no siempre significa que el medicamento deba utilizarse inmediatamente. En determinadas infecciones respiratorias, observar la evolución durante unos días puede evitar tratamientos innecesarios sin obligar al paciente a solicitar otra consulta.

Esta estrategia se conoce como prescripción diferida. El médico entrega la receta, pero indica esperar hasta 72 horas antes de comenzar el antibiótico. Si los síntomas mejoran, como ocurre habitualmente cuando el origen es vírico, el medicamento no llega a utilizarse.

Esperar por el antibiótico puede reducir tratamientos innecesarios

La resistencia a los antimicrobianos representa uno de los principales motivos para reducir las prescripciones que no aportan beneficios. En España, se estima que entre 30% y 50% de las prescripciones son inadecuadas.

El problema tiene especial importancia en Atención Primaria. Nueve de cada diez antibióticos se recetan fuera de hospitales y aproximadamente la mitad se destinan a infecciones respiratorias, pese a que más del 90% de procesos comunes como faringitis, laringitis o sinusitis tienen origen vírico.

Además, todavía persisten ideas equivocadas. El Eurobarómetro de 2022 encontró que 46% de los españoles creía que estos medicamentos curaban infecciones provocadas por virus y 36% consideraba que funcionaban contra los catarros.

La evidencia respalda la prescripción diferida

Una revisión de la Red Española de Agencias de Evaluación de Tecnologías Sanitarias analizó 12 ensayos clínicos aleatorizados con 3,750 pacientes.

Los resultados mostraron una reducción significativa del consumo frente a la prescripción inmediata, sin diferencias relevantes en el control general de los síntomas. El dolor y malestar pueden ser ligeramente mayores entre el tercer y sexto día, pero la duración total resulta similar.

Tampoco se observaron más complicaciones ni diferencias importantes en efectos adversos como vómitos, diarrea o erupciones cutáneas. La frecuencia con que los pacientes regresaron a consulta también fue semejante.

Una experiencia desarrollada en la Comunidad Valenciana mostró el potencial de esta estrategia. Solo 35.02% de los pacientes pediátricos y 49.5% de los adultos incluidos necesitaron finalmente tratamiento.

La prescripción diferida puede resultar especialmente útil cuando existen dudas sobre la necesidad de utilizar un antibiótico, porque permite observar cómo evoluciona la infección manteniendo disponible la receta.

Su aplicación requiere instrucciones claras y coordinación entre médicos y farmacéuticos. El objetivo no es retrasar tratamientos que sí están indicados, sino evitar el uso innecesario ante enfermedades que pueden resolverse sin ellos.

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