Ciencia explicada mediante redes sociales, videos y recursos de la cultura popular
Divulgar ciencia también puede ser entretenido

Divulgar ciencia también puede ser entretenido

Un planeta con forma de pirámide, una canción popular o un meme parecen recursos alejados de una explicación académica. Sin embargo, pueden convertirse en puntos de partida para despertar preguntas sobre física, biología y otros campos del conocimiento.

Las divulgadoras Fernanda Torres y Paola Flores sostienen que acercar la ciencia a públicos amplios no exige eliminar el entretenimiento. El desafío consiste en aprovechar elementos cotidianos y formatos digitales sin sacrificar la investigación, la verificación de datos ni el contexto.

Ciencia puede comenzar con una pregunta cotidiana

Torres, física de la Facultad de Ciencias de la UNAM, comenzó a crear contenido para redes sociales en 2014. Actualmente utiliza situaciones inesperadas para explicar desde gravedad hasta física cuántica, teoría de cuerdas y materia oscura.

Flores, egresada de Biología, sigue una estrategia similar. Sus contenidos parten de objetos y experiencias comunes, como un plato de cereal o unos calcetines, para introducir conceptos relacionados con su disciplina.

Esta forma de divulgación aprovecha una característica de las plataformas digitales: el conocimiento puede aparecer en los espacios donde las personas ya consumen entretenimiento. Un reel, un audio o un meme pueden funcionar como una primera aproximación a un tema complejo.

Flores incluso recurrió a una canción de Taylor Swift para hablar sobre los hongos que aparecen durante agosto. Torres, por su parte, ha utilizado referencias de la cultura popular para explicar fenómenos físicos.

Entretener no significa abandonar el rigor

La velocidad de las redes también presenta riesgos. Torres, Flores y Felipe Zámano, coordinador del Seminario Universitario de Redes Sociales y Cultura Digital de la UNAM, coinciden en la responsabilidad de investigar y verificar la información antes de publicarla.

Un video breve tampoco sustituye una formación completa. Nadie se convierte en especialista en física cuántica después de mirar 30 segundos de contenido, pero ese primer contacto puede despertar suficiente curiosidad para buscar información y continuar aprendiendo.

El reto también alcanza a quienes producen conocimiento. Durante el conversatorio se planteó que los científicos reciben preparación para investigar, pero no necesariamente para comunicar sus hallazgos a personas fuera de su especialidad.

Además, divulgar implica explicar que el conocimiento científico puede cambiar ante nuevas evidencias. Para Zámano, contextualizar las fuentes resulta fundamental, mientras Flores plantea la divulgación como una oportunidad para promover la reflexión en lugar de intentar convencer a la audiencia.

Las redes sociales permiten experimentar con formatos que antes dependían de grandes producciones televisivas. También transforman al público en participante, capaz de comentar e interactuar con los contenidos.

El objetivo no consiste en simplificar hasta perder precisión, sino en encontrar una puerta de entrada comprensible. Memes, canciones, preguntas inesperadas y experiencias cotidianas pueden cumplir esa función cuando mantienen detrás investigación y rigor.

Así, comunicar conocimiento de manera entretenida no significa restarle importancia. Puede recuperar uno de los principales motores del aprendizaje y de la propia investigación científica: la curiosidad.

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